Ojalá esta vez salga el sol, por Antequera.

He corrido a contra corriente durante 27 años.
Viendo piedras, esquivando balas, recibiendo puñetazos de esto que se llama vida. Me he visto tan solo que un día conseguí que ese personaje de aquel anticuado videojuego fuera mi mejor amigo, mi mayor aliado en días de mierda, mi salvavidas cuando todo pintaba de color negro.

Me he refugiado en cuerpos islas de tormentas que parecían que nunca iban a pasar; me he convertido en David cuando aparecía Goliat pero habían batallas en las que destrozamos la historia y Goliat se proclama claro vencedor de esa batalla.
Hay otras en las que bueno, me hago fuerte a la soledad y consigo vencer al más fuerte de los miedos.

He llorado en secreto convirtiéndolo en un secreto a voces, he empapado tantas veces la almohada que ya no tiene forma de consuelo cuando llegan las lágrimas en forma de cascada.
He sufrido tanto años atrás que he tenido que crearme una armadura casi indestructible, casi porque hay momentos en los que el peso de esa mochila es más fuerte que el de la propia gravedad y me destroza, me fulmina, me acaba llevando a un pozo donde la luz parece estar lejos del alcance de mi mano.

He luchado contra viento y marea, he volado cometas en pleno huracán y me he dejado llevar en olas para ver si así, se llevan todas mis inseguridades de una puta vez y me hace ser alguien; estable, seguro, fuerte y capaz de volar sin miedo a las alturas y no ser una jodida montaña rusa.

Hay veces que escribo al amor, otras sobre nosotros pero hoy escribo para sacar de dentro todo lo que tengo para volver a ser yo, para recuperar lo que a día de hoy me parece imposible, para volver a tener esa ambición, esos sueños pendientes, esas ganas que parecen haber desaparecido de querer avanzar, crecer, y conseguir lo que un día me propuse.

Hay veces que me desgarro por dentro por puro placer a sufrir pero otras veces me desgarro por dentro por puta necesidad, y este es uno de ellos.

Ojalá vuelva pronto.

Ojalá.

-Enrique Gómez-

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Física y química.

Hablas de imposibles y te empeñas en querer abrir los ojos antes que en soñar.
Que la física y la química van cogidos tan fuerte de la mano que ni el más fuerte de los terremotos puede hacerlas asignaturas independientes.
Yo que siempre fui de esperar hasta septiembre.
Tú que en las esperas desesperas.

Al final física y química es la misma asignatura que suspendo para septiembre y acabo entendiendo que cuando dos cuerpos se desean, al final, siempre; tienden a juntarse.

Tú que no sabías que jugar con fuego podría ser algo tan nuestro, que fuego es más que una llama.
Que sentir el fuego en la piel puede provocar máximo placer, que sentir la dilatación de las pupilas puede llegar a crear la mejor de las corridas sintiendo fuego en la piel.
Que perder la respiración mientras follamos se convierte en adicción y sentirnos en límites imposibles nos hace llegar a un éxtasis del que nunca, jamás, queremos escapar.
Que una bofetada puede desembocar en el polvo más salvaje, más destructivo y más romántico que hemos tenido nunca.

Tú, que me hablas de imposibles, tienes que entender de una puta vez que eres química y vas cogida de mi mano de una forma física.

Hablas de imposibles pero yo, adicto a tu sexo me como tu cielo con pausa, calma hasta hacerte volar y con él me como los prefijos hasta que me hables de posibles, y todos conmigo.

Simplemente; Física y química.


Y
Yo.

-Enrique Gómez-

Llegar y quedarte.

He conquistado cuerpos de diferentes ciudades.
He cometido mil pecados en noches donde las pupilas se dilataban en la segunda copa.
He fingido orgasmos por tal de quedar bien y he dado mi número equivocado para que mañana no exista.
He sido polvo nocturno y desconocido diurno.
He sonreído a sonrisas porque el rojo de los labios fue debilidad.
He sido efímero en cuerpos islas y he naufragado intentando encontrar la sirena que tantas veces me cantó en alta mar.

He jugado a no sentir sin miedo a romper corazones.
He simulado que mi vida es más que estar bajo cuatro paredes metido en una videoconsola que tantas veces me ha visto llorar.
He construido máscaras para que me llamen desconocido, escondiendo sentimientos, camuflando palabras y no diciendo ni un tercio de lo que de verdad siento.

He sido ángel y demonio en 24 horas.

He sido pasado hasta que te dió por llegar.

Llegaste y lo pusiste todo patas arriba.
Hiciste olvidar un yo del pasado destructivo y creaste un yo centrado solamente en tu cuerpo y en todos y cada uno de tus lunares.
Llegaste y me quitaste todas las máscaras que tenía en la recámara.
Mandaste a la mierda el traje de tipo duro que llevo en la espalda y sacaste la mayor fragilidad que nunca nadie supo conocer.

Llegaste y sin ser sirena me hiciste naufragar en un cuerpo del que nunca, quiero ser rescatado.

Llegaste y convertiste en amor hasta el polvo más salvaje.

Llegaste, me diste la mano y ni en los lapsus más difíciles has querido soltarla.

Llegaste y está vez con propósito de ser para siempre.

Llegar y quedarte hasta ver anochecer en la terraza de aquel ático donde el límite; se convierte en cero y las cicatrices se convierten en arañazos como resultado del mejor polvo en el mejor pronombre; solo nosotros, siempre nosotros, siempre juntos.

-Enrique Gómez-

Imposible-s de domar.

Te dejo un lienzo en blanco para que le pongas el color y las formas que quieras.
Te dejo dibujar estrellas en el cielo y ser la primera en lanzar el primer beso.
Te dejo ventaja en los 100 metros lisos para así ver como sonríes al ganar una vez más.

Te dejo todas y cada una de mis palabras antes de empezar a soñar.
Te dejo mis promesas, esas que tantas veces has creído que he olvidado.
Te dejo mis secretos guardados en esa caja de Pandora esperando el momento perfecto para salir y ser polvos a voces, abrazos atroces que rompen espaldas y cosquillas en forma de medicina sin el miedo de que quizás, sea la última vez que nos fundimos entre lágrimas por decir adiós.

Te dejo mis sueños para que te conviertas en primera persona; en personaje principal, en única testigo de que lo que quiero; es rozar el cielo con la punta de los dedos y sentir tu aliento cada mañana, desayunarnos a base de sexo y que sea algo jodidamente eterno.

Te dejo mis peores palabras para corrernos mientras jugamos a eso que solo tú y solo yo sabemos llamar amor.

Y es que hay veces que dejamos el romanticismo y nos convertimos en alguien imposible de domar, intensos y jodidamente; salvajes.

Te dejo mi cuerpo; que hoy, mandas tú.

-Enrique Gómez-

Eres; tempestad.

Eres fragmento imposible de olvidar.
Como esa primera película en el cine sin quedarte dormido, Jurassic Park fue la primera de muchas, pero al final fue la que dejó huella.

Eres puzzle de 500 piezas y te escondes una bajo la manga; entre el sexo y la ropa y pones la condición que solo con la boca; bendito juego el de besarte y follarnos como nunca antes nos hemos querido.

Eres primera, segunda, tercera, cuarta y todas las razones de mis estúpidas palabras.
Tempestad en plena calma.
Esa calma olvidada en la cama, con esas luces que más que dar luz, dan momentos inolvidables acostados en la cama, abrazándonos por miedo a la despedida, besándonos hasta la más profunda de las lágrimas que un día decidieron salir; pidiendo uno más, a pesar de estar destrozados, pero uno más que seguro no será igual que ninguno de los anteriores.

Porque si eres algo es diferencia.
Tan diferente que rompes la ley del cine; y no es la primera quien deja la huella sino la última, la que ha llegado con propósito de ver la película hasta el final.

Y es que joder;
te has convertido en mi jodida tempestad.

-Enrique Gómez-

Cuantas veces.

Cuántas son las veces que nos hemos mirado sin darnos cuenta.
Que nos hemos mirado mientras sonreímos porque eso, simplemente; era medicina.

Cuántas veces hemos jugado a mentir y dicho que el verbo sentir no cuenta en mi lista de verbos pendientes de cumplir y que ya hemos cambiado; que el verbo doler no tiene efecto alguno y que no hay primera persona del prural; que ahora seré yo, serás tú pero en diferentes tiempos conjugados.

Cuántas veces hemos usado la palabra adiós como despedida sabiendo que no podemos luchar contra la física y que dos polos opuestos al final acaban juntándose una y otra vez.

Una y otra vez sin importar la distancia que diste entre ese más y ese menos.
Porque más son los días que llegas en modo de recuerdo.
Porque más son los besos que nos debemos.
Porque más son las veces que hemos acabado inflándonos la boca y diciendo cosas que tal vez; nunca fueron verdad.

Porque hay palabras que nunca salieron por miedo a crear una guerra mundial.

Y es que decir ya no siento lo mismo es el camino más fácil para la autodestrucción.

Cuántas son las veces que he esperado que esa luz verde acabe mandando un mensaje; en forma de huracán.

Y es que, cuántas son las veces que al final te he acabado imaginando desayunando en el edificio más alto de Madrid.

Sin ropa.
Sin miedo.
Sin miedos.
Solo tú.
Solo yo.

Dos pronombres destinados a juntarse una y otra vez.

-Enrique Gómez-

Tú, niña voladora.

Cuando dos cuerpos que encajan como dos piezas de tétrix se juntan;
El verbo volar pasa de ser una fantasía a una realidad.
Volar hasta tocar el más alto de los techos y llegar al éxtasis en un suspiro; porque cuando dos cuerpos encajan hasta en las más jodida de la realidades; los orgasmos se resumen en cuestión de segundos.

Porque no hay mesa que aguante el peso de un amor sobre ella.
Porque no hay verbo que se resista a convertirlo en -arte cuando decides venir y poner una vida patas arriba.

Porque el verbo follar es bonito, pero follarte es la magia de esos cuerpos que encajan pero nunca desaparecen.

Eres pieza de un puzzle a medio hacer, esa que siempre se pierde y que acaba apareciendo cuando parece imposible de completar; cuando parece que al final será ese puzzle con la última pieza sin poner.

Eres verbo conjugado en pasado presente y futuro.
Eres mi mejor verbo pero sobre todo; eres esa niña voladora que un día me hizo soñar.
Que un día, sin tener nada previsto decidiste llegar con propósito de quedarte.

Y al final, convertiste un viaje de 40 minutos en una vida; imposible de olvidar.

Tú, niña voladora.

-Enrique Gómez-

Quiero volver.

Qué fácil sería volver a hacerlo.
Lanzar un mensaje que sin decir nada lo diga todo.
Que un “hola” te enseñe hasta las cicatrices abiertas, los te echo de menos que nunca se dijeron, los necesito tanto que ya no sé cómo cojones buscarte y tropezar en tu boca.

Qué fácil sería hablar del pasado y simular que ya no duele-s.
Que eres recuerdo pasajero en un mundo en el que jugamos a decir mentiras;
Como no tengo ganas de ti.
Nunca he pensado en nosotros.
Puedo y quiero vivir sin ti.

Engañarnos por miedo a hablar a corazón descubierto, dejando la razón de lado y gritando la verdad hasta en el último de los acantilados donde un día nos vieron llorar.

Qué fácil sería dedicarte una canción y esperar que vuelvas.
Que lances una pierda para tener así una excusa de explicarte que no hay ni un puto día que no deje de imaginar cómo sería; Madrid en tu piel.
El sabor a (a)mar en tu cuello.
El desayuno, besayuno o polvo en ayunas en aquel porche del que tantas veces hablaste.
Que el miedo a volar es cosa del pasado, que de tu mano me hago fuerte y consigo vencer a gigantes.

Qué fácil sería pedirte volver;
Pero esta vez hazlo en modo kamikaze, que ya no le tengo miedo a los gigantes.

Qué fácil es escribir y qué jodido es escribir-te; quiero volver.

-Enrique Gómez-

Que bonito sería

Que bonito sería usar de nuevo el verbo volver en primera persona del plural, nosotros.
Volver pero esta vez sin los miedos de siempre.
Volver pero esta vez con el corazón cicatrizado.
Volver a follar usando todas las preposiciones.

Conjugar cada uno de los verbos sobre tu piel.
Acariciar el ombligo y mirarte a la cara porque esa es zona prohibida.
Mordernos el cuello pero sin apretar, que las marcas son solo cosas de marketing.

Sonreír al recordar cada momento vivido después de un polvo, mejor que el de ayer pero peor que el de mañana.
Siempre acabamos con polvos favoritos como todos y cada uno de los sitios en los que hemos decidido desnudarnos de los miedos y dejar los prejuicios de medio lado porque cuando eclosionan nuestras imperfecciones el resultado, al final, es algo perfectamente imperfecto.

Que bonito sería volver a hablar de Madrid como nosotros.
Subir al más alto de los rascacielos y sentirnos niños en mitad de la Gran Vía.
Ver atardecer mientras el hielo se funde con la Coca-Cola al igual que mis dedos cuando rozan tu sexo.

Que bonito sería volver a idear planes imposibles, hablar de futuro usando siempre el mejor pronombre. Nosotros.

Que bonito sería volver pero que jodido es hacerlo y acabar haciendo cada vez la herida más grande.

Pero joder, que bonito sería una vez más.

Porque al igual que los polvos, el de mañana será mejor que el de ayer.

-Enrique Gómez-

Y pasó.

Te das cuenta que ya eres nada cuando pasa cerca y ni siquiera te lanza una media sonrisa, una mirada, una palabra, un gesto de hola, que tal, como va tu vida.

Te das cuenta que ya eres historia, que eres olvido, que eres punto y aparte olvidando por completo los puntos suspensivos.

Te das cuenta que ya no hacen falta llamadas de atención porque la llamada se ha colgado, porque la atención se ha difuminado de la balanza, esa que parecía estar algo inclinada.

Te das cuenta que eres pasado de ese que nunca, nadie, quiere recordar.
Que ahora que no estás en tu mejor momento, que te falla hasta el corazón cuando sufre acelerones, que te has convertido en juguete de cristal, tan frágil como una hoja seca en ese incendio, pasas a ser palabra tabú en una vida que ya no eres ni recuerdo.

Te das cuenta que no hacen falta mil palabras mal sonadas, que solo hace falta verte pasar de largo para darte cuenta, para darme cuenta que soy; gota de lluvia en mitad del mar.

-Enrique Gómez-

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